“¿Algo que ames de la misma manera? Difícil...“.

Piensa unos segundos. Retoma, convencida.

“No, no, no. No llegás al mismo nivel de afecto por la profesión. Nada que ver. ¿Viste cuando hablan del primer amor? Es distinto. No digo que no me gusta lo que hago ahora, pero es otra cosa“.

Lo que alguna vez fue una construcción de figuras en el aire (o en el suelo), hoy lo es de edificaciones. Está claro: el tinte artístico siempre dijo presente. Desde hace más de una década, su vida gira alrededor de la arquitectura. Antes de eso, sin embargo, esta joven de 35 años, timbre de voz dulce y apenas agudo que se ríe con tanta facilidad como timidez, hubo otro camino en el que llegó lejos, en el que voló muy alto.

Al día de hoy, Melina Sirolli sigue siendo la última gimnasta argentina medallista en un Juego Panamericano (bronce en Winnipeg 1999) y la mejor clasificada en la historia de los Juegos Olímpicos gracias a su 48º puesto en Sydney 2000. Tenía, en aquel fin de siglo, apenas 16 años.

La convocatoria de Clarín para recordar aquellos buenos viejos tiempos y recorrer un poco el hoy la toma por sorpresa, pero la pone feliz. “No es muy común que se le preste atención a los deportes amateurs. ¡Y menos a los ex deportistas amateurs!“, dice sonriendo.

Melina en una producción para Clarín en el CeNARD, antes de los Juegos Olímpicos de Sydney 2000. Foto: Archivo Clarín

Ve una de las fotos que le acerca el cronista y su mente se llena de recuerdos que creía casi olvidados. De inmediato, sus palabras impregnarán de color el tono sepia de las imágenes. “¡Esta es de los Premios Clarín Revelación!“, dice con certeza. Efectivamente, en 1997 fue para este medio la jovencita más destacada en la gimnasia.

Melina Sirolli en 1997, convocada por Clarín como ganadora del Premio Revelación. Foto: Archivo Clarín

Hace casi 12 años que Melina trabaja en el sector de auditorías del Fondo Nacional de la Vivienda, al tiempo que se desempeña como profesora de Historia de la Arquitectura en la UBA. Hoy, como tantos docentes del país, navega por las ya más conocidas aguas de las clases por plataformas como Zoom. “Es mucho trabajo adaptar todo a lo virtual en poco tiempo, sumado a aprender a usar herramientas, pero va queriendo -sonríe-. Los chicos le ponen mucha onda”.

Al cabo, tenía que hacerlo. En Argentina la gimnasia es amateur. Pero en la época en que ella estuvo activa era todavía más difícil: no había siquiera redes sociales, ni intereses de patrocinios al menos de “canje“. Encima, el país pasaba por el peor momento socioeconómico de su historia reciente. “En el 2001 fue un desastre. Me acuerdo de comer una semana entera en el CeNARD arroz y manzanas“.

En plena carrera deportiva (en 2003 fue a los Panamericanos de Santo Domingo) arrancó a cursar Medicina, aunque al tiempo dejó la carrera. “En cuarto, cuando fui a Sydney, tuve que terminar rindiendo libre todas las materias -recuerda-. Quinto año lo cursé normal, pero entrenándome antes y después de clases. Cuando estaba haciendo el CBC me llamaron de varias universidades de Estados Unidos. Fui a dos: Utah y Oklahoma. Pero terminé diciendo que no y al volver me anoté en arquitectura“.

Melina Sirolli es la gimnasta argentina con mejor resultado en la historia olímpica. Foto: Archivo Clarín

Con el agravante de una lesión en el cuello que la obligó a parar cuatro meses y pasar el primero de ellos directamente en reposo absoluto, se empezó a alejar de la gimnasia artística, aunque tiempo más tarde retomó clases en acrobática. “Empecé a hacer tumbling, que para mi especialidad era lo más parecido a artística, y terminé entrando a la Selección y compitiendo internacionalmente. Mi último torneo fueron los Panamericanos de gimnasia en Buenos Aires, en 2009“, hace memoria Melina.

El alejamiento del alto rendimiento terminó por concretarse entonces. “Es fatal mantener las dos cosas“, explica y se zambulle en lo que fue ese después.

-¿Soltaste naturalmente el deporte o te costó?

-No… Natural no fue. Es difícil… Y creo que se debe trabajar porque el deportista, si no, queda como boyando. Ahora se trabaja mucho más al respecto, desde que el deportista es joven, creo que incluso el Enard tiene programas. A mí me costó y mucho. Soltar ese mundo fue lo más difícil. Lo hacés desde tan chiquita y te gusta tanto el deporte que...

Melina SIrolli en la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la Universidad de Buenos Aires, donde dicta clases de Historia de la Arquitectura. Foto: Natacha Paz / Gentileza familia Sirolli

Directamente se desconectó del ambiente. “Entiendo que la mayoría de los ex gimnastas se mantienen cerca, pero yo necesité un corte muy rotundo. Desaparecí del gimnasio después de aquel 2009. Me seguía hablando con la gente, pero trataba de no tocar el tema. Ni hablar de ir a un gimnasio. Pasaron como cinco años hasta que pude hacerlo y empezar a dar clases, cerca de 2014“.

-Decías que el amor no es el mismo. ¿Encontrar otra pasión, aunque no a ese nivel, también es difícil?

-Mirá, decí que la gimnasia la arrancás de tan chica que cuando la dejás todavía sos muy joven... Pero sí, igual es difícil. Yo me recibí de arquitecta y aun así volví a dar clases de gimnasia, imaginate. Es como que buscaba un contacto desde cualquier ángulo: siendo profe, jurado… Porque el deporte te da algo que no te da nada más: trabaja tanto tu cuerpo como tu cabeza. Lo que sí se puede comparar es la docencia.

-¿Por qué?

-Se usa mucho la cabeza para pensar la clase, las formas de vincularte con los chicos, lo que vos querés transmitir en un grupo tan heterogéneo… Pero cuando estás ahí, hablando, transmitiendo, acompañando, ponés el cuerpo también. Terminás la clase con dolores en todas partes, cansada. Trabajás toda, entera.

20 años atrás, Melina en las barras asimétricas. Foto: Archivo Clarín


El valor de la distancia, un minirrelato en primera persona

“Competir en un Juego Olímpico fue el tope máximo. Me había costado muchísimo llegar por una serie de instancias personales que lo hicieron más complicado. Es un proceso largo y lograrlo es algo único, no sé cómo explicarlo. A la distancia me doy cuenta y tomo la dimensión de lo que fue. La experiencia es increíble.

A Sydney fui con mi entrenador, pero básicamente estaba sola. En la Villa encontraba gente de Argentina que no sabía quién era y todos se me acercaban y me preguntaban cómo estaba, me invitaban a sentarme con ellos…

Yo tenía 16 años, y 16 años ‘de antes‘, que no es lo mismo que ahora. Además, cursaba poco en la escuela así que casi todo mi círculo se reducía al mundo de la gimnasia: me costaba sociabilizar, incluso con gente de otros deportes. Pero todos eran muy buena onda, me incluían en todo… Mi compañera de habitación, Alejandra Carbone, que era bastante más grande que yo y hacía florete, se portó increíble conmigo y me ayudó muchísimo“.

Otros tiempos: Melina espera su turno para chatear con sus amigos en la Zona Internacional de la Villa Olímpica.de Sydney 2000. Foto: Martín Acosta (Enviado especial)

“Me acuerdo que mi entrenador me ofreció ir un día antes al estadio para reducir el impacto. Y fue impresionante; se me puso la piel de gallina. Estaba vacío, con apenas la mitad de las luces prendidas… Y me ayudó bastante.

El día que competís es buenísimo. Sentís que la gente te grita, nadie te conoce pero te alientan, es increíble. Hoy tomo dimensión, más allá de que en ese momento sabía lo que significaba. Hoy soy ‘gente común‘ y me doy cuenta de la importancia que tiene. A veces la vida te va llevando y vos ni lo pensás, pero después te detenés un segundo y decís ‘guau, qué loco haber hecho tanto en tan poco tiempo de vida‘”.

La gimnasia hoy

El equipo femenino de gimnasia artística argentino terminó los Panamericanos de Lima 2019 en el cuarto lugar, al borde de lograr la primera medalla desde que Sirolli ganara el bronce en la categoría viga de equilibrio en Winnipeg, 20 años atrás (su al día de hoy amiga Bárbara Rivarola se llevó la plata).

Individualmente, Martina Dominici terminó quinta en all around y barras asimétricas y sexta en suelo, mismo puesto que logró Agustina Pisos en viga.

Abigail Magistrati junto a Martina Dominici y Agustina Pisos en los Juegos de Lima. Foto: Maxi Failla (Enviado especial)

Ante una de las mejores actuaciones de esta época para la gimnasia albiceleste, Melina se alegra. “Vi bastante de los Juegos y hablamos mucho con Barbi sobre lo bueno que es ver así a nuestro deporte -afirma-. Una cuando deja espera haber sido apenas un eslabón y que la cadena se siga fortaleciendo. Porque al cabo cuando competimos no somos Melina, somos Argentina. Ver a las chicas cerca de ganar una medalla me puso muy contenta, es buenísimo que la gimnasia esté creciendo de vuelta en el país“.

-En la disciplina cambió mucho todo en los últimos tres años. ¿No te gustaría ser parte y aportar tu experiencia?

-​Te mentiría si te dijese que no, pero en mi trabajo me corresponden las auditorías de ocho provincias. Suelo viajar a cada una de ellas y quedarme una semana. Varios clubes me ofrecieron dar clases, pero me resulta imposible... Mi trabajo interfiere en un montón de decisiones personales pero me gusta, me permite estar en contacto con la gente que vive en esas viviendas, con un montón de cosas de la realidad que de otro modo se te escapan.

FK

Fuente: Diario Clarín >> lea el artículo original