Algunos políticos españoles de ideologías muy distintas, como Alberto Garzón (Unidas Podemos) y Santiago Abascal (Vox), tienen una cosa en común que puede apreciarse con solo mirarles a la cara: las cicatrices del acné.
De hecho, la mayor parte de la población pasa por ese trance en su adolescencia, pero cuando es grave y se trata mal las consecuencias llegan hasta la edad adulta.
Aunque existen tratamientos más o menos eficaces en la mayoría de los casos, la medicina aún no ha resuelto por completo el problema.

“El acné es una enfermedad inflamatoria de la piel que se produce por varios factores que actúan a la vez”, explica a Teknautas el dermatólogo Nicolás García Pena.
El primero de ellos es un taponamiento del folículo piloso, la cavidad de la piel que alberga cada pelo.
El segundo es una inflamación que se produce como reacción a ese taponamiento.
Y finalmente, participa la bacteria Cutibacterium acnés.

Todo el proceso se desencadena por la actividad hormonal, pero a día de hoy “se sigue investigando qué causa exactamente el acné y por qué en algunos pacientes ciertas terapias resultan efectivas y en otros no”.
Los dermatólogos clasifican los diferentes tipos de acné según su gravedad: leve, moderado y grave.
Todo depende del tipo de lesiones que tengan los pacientes.
Los que sufren nódulos, quistes o fístulas entran en la escala más preocupante, mientras que las típicas espinillas en la frente o la nariz no pasarían de un acné leve.

Los que sufren nódulos o quistes tienen marcas más visibles que aquellos que padecen espinillas

Aunque hay tratamientos con resultados bastante satisfactorios, no siempre se aplican con éxito. “Requieren un seguimiento y mucha constancia por parte del paciente.
Además, mucha gente busca respuestas fáciles, rápidas y sencillas; y eso, simplemente, no existe”, comenta el dermatólogo.
Las terapias más eficaces –tanto las que actúan de forma tópica, sobre la piel afectada, como las que se toman por vía oral– actúan sobre la actividad hormonal o sobre la secreción sebácea.
Las primeras, “regulan la cantidad de andrógenos circulantes, que desencadenan el acné”; mientras que las segundas “disminuyen el sebo que tapona el folículo para evitar la inflamación”.

Los tratamientos habituales

En concreto, las más efectivas suelen ser combinaciones de peróxido de benzoilo, un compuesto que ataca a las bacterias, con retinoides (fármacos que actúan sobre el crecimiento de las células epiteliales) o con antibióticos.

El problema es que estas combinaciones no están subvencionadas por el Sistema Nacional de Salud.
“La mayoría de los medicamentos financiados son antibióticos y, aunque tienen su papel en el tratamiento del acné, no se recomiendan por sí solos ni como terapia sistémica ni como terapia tópica.
El coste económico no es elevado, pero puede suponer un esfuerzo para muchas familias”, apunta Iglesias.
Para los casos más graves o el acné moderado resistente está otro fármaco, la isotretinoína, un derivado de la vitamina A que sí cuenta con financiación pública, pero tiene que ser recetado por especialistas.
Los expertos creen que es la mejor forma de evitar que lleguen a producirse cicatrices en un futuro.

Las cicatrices

En cualquier caso, pesar de todas las posibilidades terapéuticas, no siempre se gana la batalla.
Un acné mal tratado durante la adolescencia puede dejar secuelas, sobre todo cicatrices atróficas (depresiones en la superficie de la piel), aunque en algunos casos también pueden ser cicatrices hipertróficas (lo contrario, que sobresalen de la superficie de la piel).
Es complejo tratarlas posteriormente, requiere combinar diversas técnicas.
En la comunidad dermatológica decimos que las cicatrices de acné no llegan a irse del todo, pero se pueden atenuar, mejorando mucho el aspecto”, comenta el especialista.

Generalmente, a los profesionales no les cuesta identificar las cicatrices que han sido provocadas por acné, porque suelen estar en zonas determinadas y tienen formas características.
Con una simple inspección visual las distinguen.
De hecho, la lista de celebridades con cicatrices derivadas del acné es amplia, según algunas publicaciones, va desde Cameron Diaz a Cristiano Ronaldo, pasando por Bryan Adams.

El caso de Pedro Sánchez

A la lista de nuestros políticos, aparte de los casos de Garzón y Abascal, que son más evidentes en las imágenes actuales, también habría que sumar al recientemente investido presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. Sin embargo, en este caso, “ha habido una evolución”, asegura el dermatólogo, “por lo que se ve, es posible que se las haya tratado, porque desde los inicios en la política hasta el aspecto que tiene actualmente se nota un cambio que no se debe sólo al maquillaje”.

Este tipo de tratamientos no está al alcance de todos los bolsillos.
Normalmente son técnicas de alto coste económico y no están exentas de riesgo, porque se trata de eliminar una parte importante de las capas superficiales de la piel y eso se debe hacer bajo un control dermatológico estricto.
Hay que prepararlo bien antes y hay que realizar ciertos cuidados después del procedimiento, por ejemplo, de protección solar”, explica el experto.

Los tratamientos para las cicatrices

Las opciones son variadas.
Una de las más efectivas es el láser, que puede ser de diversos tipos.
El ácido hialurónico también mejora el aspecto de la piel, aunque su efecto es transitorio.
Otra técnica que se emplea frente a las cicatrices es la subcisión, que consiste en introducir una aguja con filo cortante por debajo de la piel para romper la fibrosis que produce la cicatriz.
Asimismo, el tratamiento con peelings se basa en aplicar sustancias químicas que producen una exfoliación de las capas superficiales de la piel.

Con tanta complicación sería lógico pensar que más vale prevenir que curar. Sin embargo, hoy por hoy el acné no se puede prevenir.
“Hasta el 80% de la población lo tiene en algún momento, aunque sea leve y limitado a la adolescentes.
Muchas veces se resuelve de forma espontánea, pero otras, persiste en la edad adulta”, señala Iglesias.
Lo único que se puede hacer, cuando se detecta, es comenzar a tratarlo lo antes posible para evitar secuelas.

¿Qué tiene que ver con la alimentación?

Por otra parte, hay muchos mitos en torno a esta enfermedad, entre ellos, los que la vinculan a la comida.
En la actualidad existe cierto consenso en la comunidad científica sobre que dos tipos de alimentos que empeoran el acné, los que tienen un alto índice glucémico (elevan muy rápido el nivel de glucosa en sangre, por ejemplo, el pan blanco, las patatas o el arroz) y los lácteos.

No obstante, “es muy difícil realizar estudios serios, en largos periodos de tiempo y controlando todas las variables”.
Así que la relación entre estos productos y la evolución del acné es débil y no explica del todo el problema: “No tenemos evidencia de que dejando de comer estos alimentos el acné desaparezca”.

Problemas psicológicos

Uno de los aspectos más desconocidos es que el acné tiene secuelas psicológicas, especialmente entre los adolescentes.
Un estudio publicado en la revista científica Journal of Paediatrics and Child Health hace unos años con datos de Nueva Zelanda indicaba que los jóvenes con acné tienen un mayor riesgo de depresión, ansiedad e intentos de suicidio.

En una revisión de estudios relacionados con este tema que se publicó en 2015 en British Journal of Dermatology, otros autores destacaron que sufrir acné se ve “agravado por la evolución sociológica de los adolescentes en el siglo XXI”, ya que están más preocupados por su apariencia que las generaciones anteriores a la misma edad.
El impacto en la sociedad se llega a manifestar incluso en discapacidad psicosocial y absentismo laboral.

Lo más curioso es que estas situaciones no se relacionan con la gravedad del acné.
“Tenemos pacientes con un problema severo a los que no les repercute demasiado y, por el contrario, para otras personas sufrir acnés leves o moderados tiene grandes repercusiones psicológicas”, comenta el dermatólogo.

Adaptación al paciente

Según explica, este aspecto resulta muy importante para su trabajo: “Tenemos que adaptarnos al paciente. Si un acné leve produce insatisfacción y tristeza, podemos incidir más en el tratamiento.
Si a otra persona le preocupa menos, no se le puede obligar a tratarlo”.

En ocasiones, la consulta de dermatología puede ser la antesala del psicólogo.
“Solemos ver la actitud de los pacientes, valorar qué supone para cada persona tener acné.
Les preguntamos hasta qué punto les importa y tratamos de detectar respuestas patológicas para derivarlos a otros especialistas”, afirma.