El doctor en Ciencias Históricas Armando Rangel Rivero junto al Ídolo de Bayamo, pieza arqueológica emblemática del <strong><a href=Museo Antropológico Montané.
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El doctor en Ciencias Históricas Armando Rangel Rivero junto al Ídolo de Bayamo, pieza arqueológica emblemática del Museo Antropológico Montané.
Foto: Silvia Diéguez

Heredero de la obra de relevantes hombres de ciencia de nuestro país, como Luis Montané Darde, Carlos de la Torre, René Herrera Fritot, Ramón Dacal Moure y Manuel Rivero de La Calle, el Museo Antropológico Montané, de la Facultad de Biología de la Universidad de La Habana, reabrió al público en diciembre pasado tras una reparación completa de su infraestructura constructiva.

Fundado con ese nombre el 29 de junio de 1903 (debe su denominación a Luis Montané Darde, considerado el padre de la antropología científica en Cuba), la institución dispone de piezas únicas de su tipo en la región del Caribe.

Sobresale, entre ellas, el llamado Ídolo del Tabaco, una figura tallada en madera de Guayacán, Guayacum sp, fechada en alrededor de 1 110 años antes del presente, que pertenece a la cultura taína y por su apariencia recuerda a la de un Habano.

Investigada por profesionales de las más diversas ramas en distintas etapas históricas, un estudio realizado en 1996 por los doctores Roberto Rodríguez Suárez y Alexis Vidal demostró que en las paredes interiores y en el fondo del singular objeto había residuos de sustancias alucinógenas y de diferentes ácidos grasos presentes en semillas, lo cual hace presumir de que probablemente fuera utilizado en ceremonias religiosas.

Como dato curioso vale apuntar que el 6 de enero de 1906 se lo concedieron al entonces presidente de la República Tomás Estrada Palma, quien 26 días después lo donó al Museo Antropológico Montané.

Otra de las piezas emblemáticas atesoradas allí es el Ídolo de Bayamo, una de las más grandes esculturas en piedra encontradas en el entorno caribeño, descubierta en una hacienda situada en la referida localidad del oriente cubano en 1843.

El doctor en Ciencias Históricas Armando Rangel Rivero, director de la entidad desde  2012, precisó a Granma que esta obra de notable valor científico, artístico e histórico fue entregada en 1848 por el geógrafo español Miguel Rodríguez Ferrer al entonces Museo de Historia Natural Felipe Poey.
Ahí permaneció hasta que se abrió el Museo Antropológico Universitario en 1899, nombrado cuatro años después Montané.

A partir de entonces constituye la número uno del catálogo general de la institución, siendo el símbolo que la identifica.

Confeccionada en arenisca gris verdosa, tiene esculpida una figura antropozoomorfa (mezcla de forma humana y animal) y se estima que debió estar asociada a una deidad vinculada a los mares y ríos, venerada por la comunidad aborigen a la cual perteneció.

De acuerdo con lo expresado por el profesor Rangel Rivero, la rica gama de piezas arqueológicas depositadas y expuestas en el Museo Antropológico Montané es el resultado de más de 115 años de trabajo de campo por parte de varias generaciones de arqueólogos y antropólogos cubanos y extranjeros, logrando conformar la mejor muestra del patrimonio prehispánico disponible en el país.

También posee valiosas colecciones de hachas petaloides empleadas por nuestros aborígenes, así como restos de cerámica Taína, morteros de piedra, percutidores y cuentas de collares, sin dejar de mencionar el llamativo Dujo de Santa Fe, una curiosa talla en madera de Guayacán bien labrada y pulida, que presumiblemente servía de asiento al cacique y al hechicero (behique) en las ceremonias religiosas.

Más allá de todo lo recopilado en el archipiélago cubano, la institución archiva importantes colecciones de objetos prehispánicos traídos por diversas vías de Centro y Sudamérica, Europa y otras regiones del orbe, como son cráneos, cabezas reducidas y vasijas de prodigiosa complejidad en su diseño, por mencionar algunas.

APORTES CIENTÍFICOS

Devenido en el centro de exposición arqueológica de más larga y continua tradición en Cuba, la investigación científica ha sido parte inseparable del quehacer del Museo Antropológico Montané.

Según indicó el doctor Armando Rangel, con la participación de especialistas de la entidad se reconstruyeron la antigüedad y las dietas de poblaciones aborígenes pescadoras-recolectoras del occidente y centro cubano, mediante el empleo de isótopos y análisis de Carbono 14, además de describirse la variación del tamaño y la forma craneal de  comunidades aborígenes utilizando métodos de morfometría geométrica.

Igualmente, en el único Laboratorio de Arqueometría de Cuba, que radicó allí en la década de los 80 del pasado siglo, se realizaron los primeros estudios de colágeno y de almidones a distintas piezas arqueológicas existentes en el país.
Ello originó diferentes tesis de grados defendidas en centros de educación superior de toda la nación, que aportaron novedosos conocimientos.

En 2004, investigadores  del Museo Antropológico Montané, de conjunto con expertos en Espeleología y Arqueología de la Dirección Provincial de Patrimonio de Matanzas y del hoy Instituto Cubano de Antropología del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente  (Citma), retomaron los estudios de campo en Canímar Abajo, sitio donde radicó uno de los asentamientos precolombinos más interesantes localizados en la Mayor de las Antillas.

Tras más de una década de trabajo, los resultados alcanzados permitieron identificar formas de vida no descritas antes en aquellos pobladores aborígenes, entre ellas el cultivo de plantas a pequeña escala y la presencia del maíz en la dieta más temprano de lo estimado anteriormente.

Dentro de los aportes recientes figura haber logrado descubrir con el uso de avanzados métodos de biología molecular, incluyendo el análisis de ADN mitocondrial, que el cuerpo embalsamado  depositado en el Museo Montané, desde 1975, presenta genes característicos de las momias guanches de Islas Canarias, descartándose que proviniera de América del Sur, ni fuera originario del antiguo Perú.

Si bien la institución mantiene como funciones principales la docencia, la investigación y la preservación de sus colecciones, en los últimos tiempos recibe particular prioridad la labor de extensión universitaria, con lo cual crece de manera apreciable la visibilidad del Museo fuera de los ámbitos de la habanera casa de altos estudios.