En 1994 Michel Mayor hizo un descubrimiento histórico, de alcance mundial, así que no dijo nada a nadie y esperó hasta tenerlo más que confirmado.
Al año siguiente, en junio, este astrofísico y su estudiante Didier Queloz volvieron a usar su telescopio del observatorio de Aix-en-Provence (Francia) para mirar a 51 Pegasi, una estrella a 50 años luz de la Tierra.
La señal seguía ahí.

“En aquella época, este campo de estudio estaba muy menospreciado porque durante décadas se habían hecho muchísimos anuncios de exoplanetas y todos resultaron ser falsos”, recuerda Mayor.
La luz de su astro titilaba indicando que había un mundo descomunal, del tamaño de Júpiter, orbitando la estrella, pero era imposible.
Las leyes de la física predecían que para descubrir un planeta así eran necesarios 10 años de observación, el tiempo que tardaría un planeta así en dar una vuelta completa a su estrella.
Este lo hacía en solo cuatro días.
Era un planeta que no podía existir, pero ahí estaba.
'Estábamos seguros de la calidad de nuestra medición, pero no tanto de la interpretación', admite Mayor.

El descubrimiento del primer exoplaneta fue confirmado ese mismo año.
Mayor y Queloz inauguraron un nuevo campo de la astrofísica.
No solo existen en el universo planetas inconcebibles fuera de nuestro sistema solar, sino que son legión, pues desde entonces se han descubierto 4.057 exoplanetas, algunos de ellos del tamaño de la Tierra y con capacidad de albergar vida.

Mayor cuenta que ayer a las 11:45 de la mañana se le ocurrió abrir el ordenador.
Pinchó en un enlace y se enteró de que le habían dado el Nobel.
“Empezaron a llegar cientos de mensajes.
Respondía a uno y llegaban cinco más.
Cerré el ordenador y no lo he vuelto a abrir”, explica a EL PAÍS este astrofísico suizo de 77 años, ganador del Nobel de Física 2019 junto a Queloz por el descubrimiento del primer exoplaneta y James Peebles por su contribución a la cosmología.
Ayer, recién llegado a Madrid para visitar el Centro de Astrobiología e impartir una conferencia en Almagro, Mayor, profesor emérito de la Universidad de Ginebra, respondió a las preguntas de este periódico.

Podemos detectar biomarcadores en la atmósfera de los exoplanetas que demuestran si hay vida

Fuente: El País >> lea el artículo original