Como bien sabes, el mundo ha atravesado los últimos meses por uno de los desafíos más arduos de la historia reciente. 

 

Luego de varios años de vivir en relativa calma, desde hace más de 2 meses se extendió por todo el planeta una enfermedad que, al momento (21/05/2020), ha contagiado a más de 5 millones de personas y ha cobrado lamentablemente la vida de más de 300 mil.

 

La COVID-19 (enfermedad producto del contagio en el ser humano del coronavirus SARS-CoV-2) llegó así a transformar la vida de prácticamente todo el género humano.
En pocas semanas, el mundo pasó de desestimar el brote de una nueva enfermedad en un rincón de China (iniciado en diciembre de 2019), a vivir bajo un régimen estricto de higiene y cuidado, entre el temor y la expectativa, aunque también la esperanza y el optimismo.

 

Sin embargo, no todo es malo, también hay aprendizajes que se pueden rescatar de todo esto.
Como ejemplo, las siguientes 8 lecciones que la pandemia de la COVID-19 le deja al ser humano

 

1.
Este es el punto inicial de muchos cambios por venir

Todos los estamos experimentando, con mayor o menor grado de conciencia: este es un momento en que muchísimas cosas están cambiando.
Nuestra relación con los otros.
La manera en que pensamos el cuidado personal y la salud.
Las relaciones económicas.
El contacto social.
Nuestras conductas cotidianas.
Nuestra relación con la naturaleza.
Nuestros ámbitos de consumo… 

 

La crisis sanitaria por el coronavirus está provocando efectos en prácticamente todos los ámbitos de lo humano.
Algunos de esos cambios están ocurriendo ahora y otros apenas se están gestando.
Algunos son propios de esta coyuntura y otros muy probablemente permanecerán en los meses y aun en los años por venir. 

 

En ese sentido, la situación en la que estamos nos está dejando una gran lección: más vale estar preparados para los cambios, ser lo suficientemente flexibles como para adaptarnos lo mejor posible, lo más pronto posible.
Y también para detectar qué cambios somos capaces de asumir, para cuáles estamos dispuestos, y para cuáles no.

 

2.
Tu conducta configura la realidad en que vives y en la que vivimos todos

Para muchas personas este puede ser el momento perfecto para tomar conciencia de la enorme importancia que sus actos tienen para configurar la realidad, tanto a nivel personal como colectivo.

 

Es relativamente frecuente que, ante el caudal de los sucesos que nos rodean, nos sintamos inermes e incapaces de incidir, desde lo que somos, sobre la realidad.
Pero esto no es del todo cierto.
Mucho de lo que vemos y experimentamos es resultado de la actitud que tomamos frente a los hechos de nuestra vida.

 

Esta crisis nos ha demostrado que una acción concertada y orientada hacia un solo fin tiene efectos reales sobre el curso de los acontecimientos.

 

3.
Gobierno y ciudadanos son dos piezas fundamentales de un mismo sistema

En la antigüedad, la actividad política era una obligación de todo ciudadano porque, en el fondo, es el único medio por el cual es posible dirimir la convivencia en comunidad del ser humano y las dificultades que esta implica.

 

Sin embargo, dado el tamaño de las sociedades modernas, los aparatos gubernamentales se han vuelto o complejos o francamente burocráticos.
De ahí que, en épocas recientes, muy pocas personas se interesen en la política y ésta se haya convertido en el ámbito exclusivo de unos cuantos.

 

La crisis del COVID-19 nos enseña que la actividad política y gubernamental necesitan del interés de todos.
O, dicho de otra forma, que nadie puede desentenderse de acciones que, al final, tienen un impacto sobre la vida de toda una comunidad.

 

4.
Es necesario tomar decisiones

La determinación no es un rasgo tan común como pudiera creerse.
Lo usual, más bien, es que muchos de nosotros tengamos dificultades para tomar decisiones y aun para asumir que es necesario decidir determinada acción.

 

Los tiempos de crisis enseñan que decidir es a veces no sólo necesario, sino incluso vital.
De una decisión puede depender el curso de nuestra vida
.

 

Esta puede ser también una buena oportunidad para darnos cuenta de ello y ejercitar nuestra determinación.
Después de todo, son las decisiones que tomamos las que construyen poco a poco nuestra existencia.

 

5.
¿Este momento marcará el declive de las posiciones irracionales?

Si algo puede aprenderse de la crisis en que nos encontramos es que la racionalidad es una de las herramientas más útiles del ser humano

 

Los gobernantes que negaron la realidad de la pandemia fueron quienes más afectaron a su población y, por otro lado, aquellos que actuaron en consecuencia de la información de la que se disponía han podido responder con mayor presteza y efectividad.

 

En un artículo de opinión sobre los efectos que el coronavirus COVID-19 ha tenido en sociedades contemporáneas, el filósofo Byung Chul-Han asegura que la razón es el único medio por el cual podremos salvarnos y salvar la vida que nos rodea.

 

6.
La importancia de la 'data' en el mundo contemporáneo

La experiencia de varios países asiáticos (Corea del Sur y Taiwán, principalmente) ha mostrado que una de las formas más efectivas de prevenir el contagio del coronavirus es haciendo uso de la información que se genera a través de de nuestra actividad en Internet

 

Las compras que hacemos, los viajes que realizamos, los lugares donde nos encontramos, nuestras rutas de tránsito, etc.
Varios gobiernos han usado dichos datos para, por ejemplo, localizar a personas que viajaron a países de alto contagio, o para prevenir a los vecinos de una persona enferma.

 

Este modelo parece ser prometedor en el ámbito de la medicina preventiva, pero esto mismo nos hace preguntarnos si su uso no será extendido a otros aspectos de la convivencia.
Y si esto es así, ¿qué regulaciones existirán al respecto? ¿Qué información personal y en aras de qué será posible compartir con el gobierno o con otras instituciones privadas?

 

Sin duda todo esto implica un alto grado de responsabilidad para múltiples instancias, comenzando por el ciudadano común.

 

7.
¿Tenemos que re imaginar la civilización?

La pandemia de la COVID-19 nos está enfrentando a uno de los desafíos más importantes en la historia de la humanidad: replantear muchas ideas y premisas de las cuales hemos partido para actuar colectivamente.

 

La idea del 'crecimiento ilimitado', por ejemplo, que ha animado la economía de los últimos dos siglos, tal parece que debe cuestionarse y acaso sustituirse por otro modelo, para beneficio tanto del planeta como de la vida en sí (incluido el ser humano).

 

Aunado a ello, comportamientos como el consumo desmedido e irracional, la economía de la obsolescencia o la explotación incesante de los recursos naturales también tendrían que examinarse en su pertinencia.

 

¿Y qué decir de la cohabitación en grandes urbes? Si algo ha mostrado esta pandemia es que el hacinamiento en grandes metrópolis, si fue útil en algún momento de nuestra historia, hoy podría implicar más riesgos que beneficios.

 

En suma, mucho de aquello que llamamos 'civilización' podría estar reconfigurándose a partir de este brote de coronavirus.

 

8.
La transformación social

De todo lo que hemos señalado hasta el momento es claro que la interacción social en su conjunto necesita experimentar un cambio profundo y, sobre todo, consciente. 

 

Si queremos salir fortalecidos de esta crisis, parece urgente voltear a mirar la manera en que nos relacionamos entre nosotros y emprender un proceso amplio de reflexión sobre las situaciones que la pandemia ha dejado al descubierto: la desigualdad social, la explotación de la naturaleza, el efecto de nuestras acciones individuales y colectivas (organizadas) en la configuración de la realidad, entre otras.

 

¿Qué te parece? ¿Qué lecciones crees tú que la COVID-19 esté dejando en el planeta? No dejes de compartir tu opinión en la sección de comentarios de esta nota o través de nuestros perfiles en redes sociales.

 

Para esta nota se tomó como referencia una columna publicada por Otto Scharmer en la red social Medium, pero con un desarrollo propio. 

 

Ilustración de portada de Igor Vujcic.

Fuente: Harmonia >> lea el artículo original